POR UN DESARROLLO SOSTENIBLE

Memoradum

De la Secretaria General

A propósito de los debates de la

Asamblea General del Círculo de Empresarios de Gran Canaria

Sobre el

“Borrador de Compromiso por el Desarrollo Sostenible de Canarias”

del

Gobierno de Canarias

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1.- Introducción. Necesidad y oportunidad del cambio.

 

S

iempre se ha dicho que el siglo XXI esta llamado a convertirse en el de la conquista de los derechos medioambientales. Efectivamente si, como algunos dicen, primero fue la consolidación de los derechos civiles durante el siglo XIX. Si luego vino la era del siglo XX con el reconocimiento de los derechos sociales, muy bien podríamos pensar ahora que el XXI termine naturalmente siendo llamado así también como aquel de la definitiva implantación de los derechos medioambientales. Unos derechos de los que podemos considerar que no son sólo una extensión del de la salud, algo plenamente reconocido durante el siglo XX pasado; sino, en realidad el reconocimiento último y definitivo del valor de toda forma de existencia en sí. El valor de cada gota de agua, de cada suspiro de aire, de cada trozo de piedra, de cualquier forma de vida animal o planta que habite la tierra como tan a menudo se comenta.

 

La importancia de todo este fenómeno es evidente estando por lo demás dentro de lo que podría ser llamada una lógica de la historia del Derecho o de la propia evolución humana. Desde esta perspectiva diríamos que hoy estamos viviendo una nueva revolución en el mundo. Una revolución por supuesto de color verde, y muy distinta también a aquella que teñía de rojo las banderas revolucionarias del siglo XX.

 

El fenómeno parte por lo demás de un hecho cierto cual es el de haber comprobado que debemos cuidar de nuestro entorno y de la naturaleza. Cuidar en gran medida de cosas a las que antes quizás no prestábamos la debida importancia: el aire, el agua, la tierra, la flora o la fauna. Y cuidar de tales cosas no ya porque así nos lo hayan dicho nuestros antepasados muchas veces, sino, porque al final nos hemos dado cuenta tanto de su fragilidad cómo no de nuestra propia capacidad para darles protección.

 

Desde el Círculo de Empresarios de Gran Canaria considero se ha entendido desde el primer momento la importancia del fenómeno que venimos aquí comentando, reconociendo tanto la posición estelar del nuevo Derecho en desarrollo como las oportunidades que brinda la ecología en sí para la economía, y para la formulación de sus teorías o para con el establecimiento, en definitiva, de nuevas formulas o formas de hacer negocio.

 

A las puertas del siglo XXI no creo que a nadie extrañe por consiguiente que, lejos de esa imagen de depredadores insensibles que a veces se les atribuye, los empresarios puedan hablar también de desarrollo sostenible. Por lo demás, no es nuestra intención tampoco hacer historia aquí o resumen de lo que podríamos calificar como movimiento verde refiriéndonos a autores como los de los famosos manifiestos del Club de Roma, miembros del Instituto Tecnológico de Massachussets, o a conferencias internacionales como la de Estocolmo o Río. A estos efectos no parece siquiera necesario que debamos hablar de todos esos Pactos, Convenciones, Directivas y Leyes que al final nos vienen llegando de la mano de un nuevo Derecho al que debemos acomodarnos y al que habrá que acomodar, sin duda, el conjunto del vigente.

 

A las puertas del siglo XXI no parece necesario, por tanto, hablar de todo eso. De los orígenes del nuevo Derecho medioambiental, desde el surgimiento de los primeros Parques Nacionales en los Estados Unidos a principios del siglo XX, o en general de todas las leyes y costumbres que desde tiempo inmemorial también han estado presentes en la historia del hombre para hablarnos en definitiva de la relación de éste con los demás, con la naturaleza y en conjunto con todo lo que nos rodea expresándose a través, cómo no, del ordenamiento jurídico.

 

Mi impresión, por tanto, es que vivimos en una época extraordinaria. Un época de cambios o de revolución como arriba señalábamos. Cambios por lo demás que hablando en griego significan crisis. Término este de crisis al que nos referimos siempre naturalmente para hablar siempre también de todo: de política, de economía, de empresa, de valores, de ética, etc, etc. en un intento quizás de resumir  esa masa de sentimientos que el hecho mismo de vivir nos provoca.

 

Sin embargo, y para ser rigurosos, más que sobre los buenos sentimientos que el término desarrollo sostenible nos evoca creemos que los esfuerzos de cualquier trabajo que realicemos deben estar dirigidos ante todo al análisis de los hechos y a la formulación consiguiente de medidas e instrumentos que contribuyan al logro de los fines y objetivos propuestos.

 

Desde ese punto de vista hoy nos proponemos aquí presentar el análisis de las propuestas ofrecidas por nuestro Gobierno en un documento titulado “Compromiso por el Desarrollo Sostenible de Canarias” haciendo resumen de la situación final que a todos estos efectos podrían presentar las Islas.

 

Para ello partimos de las premisas que nos ofrece el nuevo Derecho medioambiental consolidado a nivel global desde la Conferencia de Río de 1992, sabiendo además que cuando se habla de medio ambiente y desarrollo sostenible podríamos estar refiriéndonos a muchas cosas que al final deben verse concretada en el estudio también de unas pocas. En realidad, tal y como se concluye de la Sentencia de nuestro Tribunal Constitucional de 26 de junio de 1995, en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible todo gira o puede girar en torno a unos pocos elementos como pueden ser la situación del aire, el agua, el suelo, la flora y la fauna, sin obviar por supuesto las cuestiones propias de nuestro patrimonio histórico y paisaje natural.

 

A la luz de todo ello resulta evidente que el nuevo Derecho medioambiental consolidado desde la Conferencia de Río nos viene obligando a adoptar medidas y a establecer programas capaces de garantizar un desarrollo sostenible, conminándonos de hecho al análisis permanente del estado y situación de nuestro medio ambiente. Tal cosa da la impresión de que se ha intentado hacer últimamente por nuestro Gobierno con la presentación de un documento en el que busca  resumir su estrategia a tales efectos.

 

Desgraciadamente, y pese a su valor, no dudamos tampoco en decir que dicho documento adolece a nuestro juicio de algunas cosas pecando quizás de exceso de especulación en otras. Desde esta perspectiva hemos considerado grave, por ejemplo, que por parte de nuestras autoridades se afirme sin mayor base tampoco, y tal y como se dice en el Decreto 4/2001 de 12 de enero mediante el que se establece de hecho una moratoria turística, que el turismo en sí se haya convertido en el problema central del medio ambiente en Canarias.

 

Desde el Círculo de Empresarios se han rechazado las conclusiones que en esta línea se nos presentan por entender, entre otras cosas, que también se parte de supuestos erróneos en tanto no creemos, tal y como afirma por nuestro Gobierno, que el crecimiento económico insular se haya basado en el aumento ilimitado de la oferta turística, o que ésta, tal y como se enuncia en el llamado Decreto de moratoria, haya mantenido “un ritmo e intensidad creciente en los últimos años”.

 

Los datos hoy por hoy disponibles nos señalarían de hecho todo lo contrario advirtiéndose, por ejemplo, que en el espacio de la última década nuestro número de plazas turísticas apenas ha aumentado. Más aún habría que anotar que en Islas como las de Gran Canaria o Lanzarote el volumen de la oferta turística en concreto incluso ha disminuido.

 

Para muchos, por supuesto, tales datos pueden parecer inauditos al entender que no se corresponden con el crecimiento observable en nuestras zonas turísticas. No obstante habría que destacar que una cosa es el crecimiento de la oferta turística y otra el crecimiento urbano observado en el conjunto de la ciudad turística, fruto sencillamente de la consolidación de su tejido y asentamiento en estos años de las poblaciones que de éllas han surgido.

 

Las razones que se han esgrimido por nuestro Gobierno para imponer una moratoria turística no nos parecen, por consiguiente, suficientemente justificadas, so pena de que podamos entender que lo que en el Decreto 4/2001 se dice lo apliquemos de manera contraria. Así la oferta no es al final que aumente sino que en realidad disminuye pudiéndose considerar tal situación también como preludio de crisis o incapacidad de respuesta del sector al aumento de la demanda.

 

En realidad, y a tenor de los datos disponibles, podríamos desde esta perspectiva considerar de hecho que en el ámbito turístico a lo que nos enfrentamos en Canarias, tras cuarenta años de desarrollo intensivo del sector, es a la conquista definitiva de un mercado maduro donde los márgenes se presentan cada vez más justos y en el que la propia elasticidad de la oferta frente al aumento de la demanda se comporta de una manera cada vez más rígida de forma que para mantener igual número de camas se exige mayor número de turistas con las consiguientes deseconomías y aumento de externalidades.

 

Desde este punto de vista podríamos evidentemente pensar que para un mercado maduro el modelo de desarrollo o de incentivos económicos aplicados hasta el momento pueden resultar inservibles, exigiendo de cambios en la estrategia o en la política sectorial para ir en línea, por supuesto, con las exigencias de la demanda incentivando la calidad ambiental y cultural como factor de competitividad de la manera en que así se expresa también por nuestro Gobierno en su documento.

 

No obstante si lo que se busca es la promoción de un turismo de calidad dentro de un marco de desarrollo sostenible parece evidente también que las medidas adoptadas por nuestro Ejecutivo no son tampoco las más adecuadas, a no ser que se interpreten, cómo no también, en términos de barrera encubierta, para la revalorización de activos como el suelo; y de protección a la oferta turística establecida garantizando precios, ocupación y rentabilidad ante las circunstancias comentadas.

 

En tal caso, por supuesto, habría que exigir que así se reconozca explícitamente  acompañándose de los instrumentos que para ello se han previsto por la legislación vigente en materia, por ejemplo, de ayudas de Estado; y a fin en definitiva de no perjudicar o garantizar también el respeto a los derechos de contribuyentes, inversores y mismo usuarios.

 

El Círculo de Empresarios de Gran Canaria ha compartido la necesidad de alcanzar un compromiso por el Desarrollo Sostenible de Canarias, expresando en todo caso su disconformidad frente a la aprobación de medidas como las aludidas. El presente Memoradum intenta naturalmente resumir desde ese punto de vista la posición y el análisis alcanzado por esta Secretaría General tras los debates desarrollados en el seno de nuestra entidad a propósito del conjunto de propuestas ofrecidas por nuestro Gobierno en su “Borrador de Compromiso por el Desarrollo Sostenible de Canarias” y en el marco de un programa de acción sobre la  materia para el que como Círculo de Empresarios nos hemos sentido o nos sentimos sin duda también obligados.

 

 

 

 

 

 

 

José Peñate

Secretario General

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2.- La situación del medio ambiente en Canarias. Interpretación de los datos sobre contaminación y degradación de los recursos naturales en Canarias: aire, agua, suelo, flora y fauna.

 

2.1 Antedentes. La contaminación importada y el cambio Climático.

 

Estudiar la situación del medio ambiente en Canarias, aunque difícil por la escasez de datos y el descontrol de éstos podríamos decir que es en conjunto mejor que la que puede presentar otras muchas regiones del planeta. A largo plazo podemos incluso considerar que nuestros mayores problemas son los importados y derivados de la gravedad del cambio climático que amenaza el planeta y los efectos que de ello se deriven para Islas como las nuestras. Qué es lo que hacemos en Canarias para prevenir todo ello o de qué forma podemos contribuir los canarios a prevenir todo ello es algo que aún queda por hacer.

 

Fomentar, en este sentido, una mayor concienciación de la ciudadanía sobre los problemas de nuestro medio ambiente y la necesidad o propia conveniencia de su cuidado es desde este punto de vista una de las acciones de Gobierno que mejor cabe hacer en el ámbito de cualquier programa en pro de un desarrollo sostenible para Canarias.

 

A este respecto no nos caben dudas hasta el momento de que la actividad de nuestros Gobiernos a estos propósitos ha sido más bien escasa, limitada y dispersa, centrándose en realidad en la creación, puesta en marcha y mantenimiento de las llamadas aulas de la naturaleza y en la difusión de diversos videos y realización de alguna que otra campaña publicitaria en materia de educación medioambiental.

 

La introducción de una tal materia dentro de los ciclos formativos de nuestras escuelas ha sido por otra parte una de las medidas de promoción implantada, debiéndose no obstante hacer notar que pese a lo loable de la iniciativa ésta puede carecer de efectos, si como se comprueba la propia escuela al final y las practicas sociales en general se nos muestran también como totalmente contrarias al logro de los objetivos a los que queremos aspirar.

 

Desde esta perspectiva podemos en consecuencia seguir echando en falta una acción permanente de Gobierno en la materia, compartiendo por supuesto las tesis de nuestro Ejecutivo en orden a la necesidad de seguir impulsando la educación ambiental en el seno de la sociedad canaria. No dejamos de apreciar, en consecuencia, que nuestros problemas al final a veces surgen así más por falta de un sentido quizás de urbanidad, que por razón del exceso de urbanismo, o, a la manera que por nuestro Gobierno esto así se entiende cuando habla de “la absoluta exigencia de evitar el panorama insoportable de una territorio totalmente artificializado, en el que el hombre ha utilizado y transformado cada uno de los metros cuadrados que le rodea”.

 

Mejorar la calidad de nuestro urbanismo sin duda puede ser preciso; aunque más sin duda para ello se hará preciso conseguir también un crecimiento o desarrollo en positivo que nos ayude como se ve a mejorar, en definitiva, la calidad, la productividad, la formación o educación en general de nuestras gentes.

 

El Círculo de Empresarios de Gran Canaria es un centro de reflexión empresarial que tiene por misión analizar y debatir los problemas e inquietudes que afectan al desarrollo económico y social de Canarias, desde la órbita y a la luz del respeto a los principios de la economía de mercado, la libertad de empresa, el derecho a la propiedad o a la libre iniciativa privada.  Con estos antecedentes abordamos, por tanto, el estudio del documento puesto de manifiesto por nuestro Gobierno haciendo salvedad así de todo aquello que consideramos importante a los fines y objetivos propuestos.

 

2.2 La contaminación del aire.

 

Por supuesto, los canarios no estamos entre ese grupo de regiones en el mundo a las que podríamos tachar de ser las grandes contaminadoras del aire. Nuestra contribución a la emisión de gases de efecto invernadero y emisión de partículas contaminantes a la atmósfera es pequeña en relación con otras áreas. No obstante es evidente que generamos algunos problemas con incidencia para la salud de las personas y el medio. La contaminación atmosférica en determinadas zonas de nuestras grandes ciudades y en zonas cercanas a las centrales energéticas parece evidente. En todo caso, también parece evidente que el acceso del público a la información disponible en la materia es escasa lo que nos lleva a pensar que se puede estar produciendo una clara trasgresión al derecho a la información medioambiental presente en Leyes como la 38/1995 sobre Derecho de acceso a la información en materia de medio ambiente recogida entre otras de la legislación comunitaria.

 

Por lo demás, resulta patente que un uso más racional de nuestros medios de transporte y  el empleo de energías más limpias como el gas junto al fomento de otras renovables son sin duda soluciones que nos ayudarían a mejorar el panorama que presentamos en este aspecto, siendo cuestiones ambas que aunque abordadas por nuestro Gobierno en su estrategia de estudio seguimos sin ver adecuadamente perfiladas.

 

2.3 Contaminación acústica.

 

La legislación comunitaria nos ha supuesto un avance en la materia. Las normas sobre emisión de ruidos en vehículos a motor y maquinaria han contribuido a mejorar la calidad de los productos a este respecto. Desgraciadamente los progresos en materia de control de ruido -competencia en general de los ayuntamientos- no han sido tan exitosos, debiéndose notar que la publicación de Leyes como la de “Espectáculos y actividades clasificadas de Canarias” apenas ha conseguido los resultados apetecidos.

 

En general se sigue echando en falta la existencia de una policía de ruidos y la elaboración de mapas adecuados para su control con la puesta en marcha de programas de inversión en materia de lucha y eliminación de los mismos.

 

En esta línea podríamos valorar también la necesidad de proceder, sin duda, a una mejor tipificación penal de los delitos ecológicos y a la consideración, en definitiva, del propio escándalo callejero como falta punible supliendo a la normativa actualmente existente, centrada fundamentalmente en la regulación de horarios de apertura y cierre, y la puesta en marcha por lo común de nuevas Ordenanzas municipales en materia, por ejemplo, de control de ciclomotores, etc.

 

En todo caso, a efectos de este Memoradum habrá que destacar principalmente la falta de previsión que sigue presentando nuestro Gobierno en la materia, tal y como se comprueba en el documento de análisis que nos ofrece, caracterizado en este caso por la ausencia de referencias a los problemas medioambientales que se derivan del ruido y del conjunto de las actividades insalubres y molestas practicadas en Canarias.

 

En realidad, toda la estrategia de desarrollo puesta en marcha en el documento queda así reducida al establecimiento de límites al crecimiento de la oferta turística, mediante su concreción en un borrador de proyecto de Ley que centra su atención en la creación de mecanismos de protección de la misma.

 

No obstante ello habrá que considerar que una estrategia de desarrollo sostenible para que sea válida no puede centrarse tampoco en la protección de sectores económicos que no sean ecológicamente relevantes, ni impedir muchos menos la inversión, la renovación tecnológica y la aparición de nuevos productos y ofertas adecuadas a la calidad exigible por los mercados.

 

2.4 Radiaciones.

 

Aparte del problema de la central nuclear de Marruecos o de las denuncias sobre transporte de materias radiactivas por aguas canarias los problemas de la contaminación radiactiva no parecen importar mucho en las Islas. Sin embargo, es evidente que en el archipiélago pueden darse algunas situaciones de riesgo, especialmente por la falta de control de determinados tipos de residuos clínicos específicamente y materias peligrosas, sin olvidar que el temor a fenómenos como el de las radiaciones electromagnéticas es algo que crece por momentos a raíz del desarrollo de la telefonía móvil.

 

Resulta preocupante, por tanto, las nulas aportaciones que hace nuestro Gobierno a estos problemas e inquietudes medioambientales en su documento estratégico para el logro de un desarrollo sostenible de Canarias, dejando al descubierto la posible falta de previsiones de la Comunidad Autónoma en la materia, y la necesidad consiguiente de seguir avanzando cara a la elaboración de un proyecto de desarrollo creíble para las Islas. 

 

2.5 El estado del agua.

 

De los distintos problemas que presentamos en esta materia dos son sin duda lo que más destacan por su evolución: salinización de acuíferos y contaminación de las aguas costeras. En todo caso, es evidente que el objetivo básico de toda política de gestión sostenible de este bien sigue estando centrado en la reclamación de medidas que contribuyan a un uso más racional de tal recurso mediante la fijación de precios adecuados en su consumo. El programa Agenda XXI de las Naciones Unidas para el medio y ambiente y el desarrollo sostenible nos señala nuestras obligaciones a estos efectos estableciendo, entre otras cosas, que un requisito para la ordenación sostenible del agua, en cuanto recurso escaso vulnerable, es “la obligación de que se reconozcan, en todas las actividades de planificación y aprovechamiento, sus costos integrales. En la planificación deberían considerarse los beneficios de la inversión y los costos de protección ambiental y de explotación, así como los costos de oportunidad en función del aprovechamiento alternativo más valioso del agua”.

 

Por supuesto, ninguna de estas cosas se realiza en Canarias pese a que también se pueda entender que el cobro efectivo de tarifas no tiene porqué gravar por igual a todos los beneficiarios con las consecuencias que suponen tales consideraciones. Sin embargo, sería conveniente que los mecanismos de cobro reflejasen en todo lo posible el costo real del agua, cuando ésta se utiliza como bien económico, teniendo en cuenta la capacidad de pago de los usuarios. La práctica en principio de ofrecer información a éstos sobre el importe de la subvención incorporada a su recibo de agua pudiera ser incluso desde esta perspectiva una medida loable a estudiar y en orden a aumentar la concienciación ciudadana sobre el problema.

 

Nuestro condición de región pionera en el mundo en materia de desalinización de agua nos obliga en definitiva a ser lo más exigentes posible en el uso y consumo de un bien como el que venimos comentando, esforzándonos por supuesto para seguir avanzando en el diseño de tecnologías que nos ayuden a reducir la relación de dependencia y de consumo de combustibles fósiles que se mantiene en la materia.

 

En general, observamos que nuestro Gobierno apenas menciona en su documento la situación de los planes hidrológicos aunque coincidimos plenamente con éste en lo expuesto cuando menciona la necesidad de invertir para mejorar la eficiencia del sistema y conseguir una mayor optimización de las redes de distribución y saneamiento.

 

Por otra parte en materia de agua tendremos por lo demás que tratar también el propio estado del de las costas y a través de la exigencia de controles contra las emisiones y vertidos al mar en este caso, planteando tal y como propone nuestro Gobierno en su documento de “Compromiso por un desarrollo sostenible” la consideración de las aguas costeras como parte de la cuenca hidrológica.

 

En todo caso, no dejamos de señalar aquí la necesidad de contemplar también los problemas medioambientales que se pudieran derivar para las Islas a consecuencia del propio tráfico marítimo que surca las aguas cercanas a Canarias.

 

Los riesgos de cualquier posible colisión, de formación de mareas negras, etc. son aspectos en este sentido que deberíamos tener en cuenta también a la hora de planificar la acción de nuestros Gobiernos en pro de un desarrollo sostenible, exigiéndose de los mismos garantías concretas a este respecto, mediante la puesta en marcha de planes y/o presupuestos de contingencia contra todo este tipo de riesgos. En especial de aquellos que se pudieran producir por cualquier emisión de sustancias no autorizadas como las derivadas, por ejemplo, de la realización de prácticas clandestinas de eliminación de desechos por buques en aguas internacionales limítrofes con Canarias.

 

2.6 El debate del suelo. Erosión, contaminación y pérdida de biodiversidad y capital natural.

 

Sobre todo lo dicho, sin embargo, parece evidente que es sobre el suelo sobre donde verdaderamente se concreta y toma protagonismo el debate medioambiental de Canarias. Tal cosa tampoco resulta extraña al ser el suelo el escenario en el que al final toman cuerpo las distintas variables medioambientales. Desde esta perspectiva hoy podemos de hecho decir que la destrucción del paisaje de las Islas y sus consecuencias en términos de pérdidas de capital natural se ha convertido en una de las cuestiones que mayor crecimiento experimenta entre los motivos de preocupación política y social de Canarias, tal y como se expresa por muchas encuestas.

 

Efectivamente, en principio podemos coincidir en señalar que la perdida de suelo como consecuencia tanto de la erosión natural como de la provocada por la acción humana se convierte en un serio contratiempo que la sociedad debe saber resolver. Entre otras cosas, habrá, por tanto en principio, que coincidir con nuestro Gobierno en la necesidad de la reforestación y en la conveniencia de evitar una mayor degradación de nuestro suelo.

 

No dejamos de compartir además las preocupaciones de nuestro Ejecutivo en orden, por supuesto, a reducir las consecuencias que se derivan del consumo de suelo por razón del desarrollo de las infraestructuras y el tejido urbano. Visto en conjunto por tanto resulta evidentemente que la situación de erosión, degradación y perdida de suelo que presentan nuestras Islas puede ser preocupante; aunque no por ello debemos dejar de pensar también que pueden existir evidentes posibilidades de mantener,  recuperar y salvaguardar quizás la mayor parte de nuestros hábitat naturales.

 

Efectivamente, a efectos prácticos la superficie de suelo que pudiéramos considerar irremediablemente perdida o degradada alcanza al 3 por ciento de la superficie regional pudiendo llegar al doble por desarrollo del suelo calificado como urbano y urbanizable por el planeamiento actualmente vigente. Por encima de ello, sin embargo, existe casi un 40 por ciento de territorio seriamente amenazado ante el abandono y por la erosión, observándose los mayores problemas de nuestro suelo, por supuesto, en las zonas de costa y las mayores desgracias naturalmente en las de medianías.

 

No deja de ser patente así que pese a su relativa pequeñez la superficie urbana se conforma al final también como una huella con campos y polos de atracción económica y social que inciden sobre la totalidad del propio territorio insular, justificando en consecuencia la presencia misma de una legislación como la aprobada hasta el momento por el Parlamento canario con el fin de prevenir la ordenación de nuestro suelo.

 

Desgraciadamente, sin embargo, el éxito de tal legislación ha sido por lo que se ve también hasta el momento muy escaso, siendo de lamentar así que pese a que casi el 50 por ciento de nuestro suelo se encuentra sometido ya a algún tipo de protección, conformando un mínimo de capital natural representativo de nuestro medio ambiente, sus problemas no están solucionados, quedando marcados por la falta de una planificación adecuada y la ausencia de controles respecto al desarrollo de la misma.

 

La mayor parte de nuestros Parques y reservas Naturales siguen sin contar con Planes Directores o de uso y gestión y la protección de los mismos está bajo mínimos. En la ordenación del suelo sigue pesando, por consiguiente, la ausencia de planificación y la no aplicación consecuente de una legislación que se muestra a tales efectos excesivamente reglamentista. Tal y como afirma el propio Gobierno en su documento la mayoría de las Islas siguen aún sin contar con Planes Insulares siendo, por lo demás, pocos los municipios que cuentan con Plan General aprobado.

 

A las deficiencias de la planificación y de los controles aplicados se vienen a añadir sobre el territorio el resto de presiones que sufre nuestro suelo, consecuencia evidentemente de la presión demográfica que provoca la riqueza económica, y, cómo no el desarrollo de los gustos habitacionales de una región, amante de un urbanismo disperso que puede suponer evidentemente también un lujo y derroche para unas Islas que apenas disponen de un recurso tan escaso y finito como ese.

 

En toda esta línea podríamos entender, tal y como viene proponiéndose por el Gobierno, el establecimiento de una nueva fiscalidad específica sobre lo que se denominan segundas residencias; aunque en principio podría parecer más adecuado llegar a grabar sencillamente a todo tipo de viviendas y acabar con el fraude fiscal que a consecuencia de la propia construcción clandestina se da por muchas de éllas.

 

En todo caso, falta por valorar a efectos de justificar la imposición de cualquier tributo el daño ecológico que puede provocar ese urbanismo disperso que con asiduidad criticamos debiéndose entender que no llega tampoco en muchos casos a representar riesgo de pérdida de suelo, siendo criticable más por la servidumbres que provoca al paisaje, que por impedir las posibilidades de reutilización del territorio.

 

Desde este punto de vista los costes de este tipo de urbanismo estarían más centrados en los efectos que arrastra ante la necesidad de dotarlos de infraestructuras desde la apertura de pistas al tendido de todo tipo de redes ya sean de suministro (agua, luz, o teléfono) como de saneamiento. Gravar a sus propietarios con el coste de éstas y ejercer evidentemente un control adecuado sobre este tipo de urbanismo para hacer viviendas más sostenibles podrían ser desde este punto de vista medidas mucho más planteables.

 

Por lo demás, habrá que reconocer que el coste del suelo y los altos precios que añadido a ello alcanza la vivienda en Canarias puede contribuir enormemente también al fomento de tal tipo de construcciones dispersas, siendo necesario, por tanto, adoptar medidas que nos permitan luchar contra la especulación multiplicando esfuerzos en la política de vivienda a fin de corregir el fenómeno comentado, ligado entre otras cosas a la autoconstrucción de tanto arraigo en nuestro acervo.

 

Por otra parte, deberíamos coincidir con nuestro Gobierno a la hora de señalar los problemas que supone el uso y empleo intensivo de abonos e insecticidas tanto para la salud como para el suelo de manera que los riesgos de pérdidas de éste también por acidificación son un riesgo evidente. Los problemas medioambientales que generan las actividades agrícolas precisan, por tanto, de una ordenación de las mismas mediante el control de las prácticas dañinas y el fomento de aquellas menos contaminantes. En igual sentido habrá que actuar, por supuesto, contra el conjunto de actividades económicas o contra los abusos en definitiva de cualquier vertido incontrolado.

 

En general podemos admitir, por tanto, las conclusiones de nuestro Gobierno respecto a la evaluación en conjunto que presenta de nuestro territorio y sus problemas echando en falta en todo caso que dentro de sus compromisos apenas cuente la necesidad de reducir, en definitiva, las desigualdades y arbitrariedad que se observa en general para con la ordenación del mismo.

 

2.7 Flora y Fauna.

 

Con todo no parece posible que podamos terminar este primer avance sin señalar los problemas de la flora y la fauna y sin que prestemos, por consiguiente, atención en primer lugar al preocupante crecimiento de los incendios forestales convertidos en verdaderas amenazas para la supervivencia de nuestra flora y fauna. Es de notar en gran medida la nula atención que nuestro Gobierno ha prestado a dicho problema en su documento pese a contener éste evidentes medidas en apoyo de nuestra flora y fauna como aquellas que propone para la apertura de corredores que permitan conectar los diferentes habitats de nuestro territorio.

 

Tampoco sería lógico que nos olvidemos en este campo del problema de la introducción de especies foráneas las cuales pueden suponer una amenaza para la conservación de nuestra biodiversidad. No dejamos de anotar así, dentro del programa de desarrollo sostenible presentado por nuestro Gobierno, la necesidad de introducir siquiera alguna referencia a la situación de las medidas adoptadas hasta el momento cara a una mayor protección y preservación de las especies autóctonas amenazadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3.- Análisis de medidas. La lucha contra la contaminación y contra las actividades que dañan el medioambiente de Canarias. 

 

Como Círculo de Empresarios y a efectos de este Informe o Memoradum viene resultando patente que no dejamos tampoco de compartir los criterios de Gobierno descritos por nuestro Ejecutivo en el capítulo VI de su documento, señalando en todo caso las salvedades que cabría hacer frente a los mismos o respecto a las medidas propuestas.

 

3.1 El debate de la población: La creación de ciudades sostenibles y la mejora del medio ambiente urbano. 

 

Si nos atenemos a los hechos parece que no hay dudas respecto a la verdad de aquella premisa que dice que para preservar el medio ambiente natural es necesario establecer asentamientos urbanos sostenibles. Tal cosa es naturalmente totalmente aplicable a Canarias, y en la medida en que, por ejemplo, podemos observar como gran parte de la presión que se ejerce sobre los parques y áreas naturales de las Islas obedece a los propios deseos de ocios y esparcimiento de las poblaciones urbanas canarias.

 

Aumentar las dotaciones de ocio y áreas de esparcimiento urbana se torna desde este punto de vista en una inversión fundamental para el logro de un desarrollo sostenible, no entendiéndose en consecuencia las propias restricciones puestas de manifiesto por nuestro Gobierno en su documento cara a la implantación de nuevas zonas de ocio como las que pudieran derivarse también de la apertura de centros y áreas comerciales.

 

Habrá que insistir, por tanto, en que mejorar la calidad de nuestros asentamientos humanos -de la manera que se expone también por nuestro Gobierno en términos de creación de espacios libres y compactación del tejido urbano, aparcamientos, etc.- es en realidad nuestro objetivo fundamental. No podemos olvidar que en las últimas décadas nuestras Islas han  experimentado un extraordinario crecimiento económico fruto del turismo y del crecimiento de la población que al mismo ha acompañado. A lo largo de las últimas décadas hemos podido, por tanto y gracias a todo ello, frenar el flujo de emigrantes canarios al exterior pudiéndose incluso hasta pensar que la inmigración alcanzada en las últimas décadas no ha hecho más que suplir en parte esas pérdidas ingentes de población que durante la centuria habíamos experimentado.

 

Partimos, por consiguiente, de considerar que el crecimiento económico se asienta sobre el crecimiento demográfico y pese a entender también que para que todo ello crecimiento demográfico y crecimiento económico se traduzcan en bienestar deben darse en condiciones de equilibrio adecuadas. La experiencia que viven hoy los países subdesarrollados nos señala en tal sentido la importancia de este tema y la necesidad, por tanto, de controlar el crecimiento población tal y como se exponía ya en 1994 durante la celebración de la Conferencia Internacional sobre población y desarrollo.[1]

 

No dudamos, por tanto, tampoco en pensar que un crecimiento desbordado de la población puede tener consecuencias nefastas, debiéndose a reglón seguido entender también que para alcanzar su crecimiento ordenado todos nuestros objetivos deberían pasar por disponer cada vez más de una población más sana y formada.

 

Desde este punto de vista no podemos compartir las ideas y propuestas expresadas por nuestro Gobierno en su documento desde el punto y hora en que con las mismas lo que se nos exige es frenar el crecimiento de la población, mediante el estudio de medidas limitativas, y no en realidad avanzar hacia un crecimiento adecuado de ésta. No dejamos de pensar que frenar y reducir la población significa también reducir mercados y alentar por extensión situaciones de recesión económica como las vividas por Canarias durante años en los que prácticamente se acabo con los habitantes de muchas Islas. Pensar en repetir tal situación se nos puede antojar como un verdadero despropósito.

 

3.2. El problema de los residuos.

 

En realidad este podría ser al final el problema medioambiental que más nos pudiera angustiar en Canarias. Más aún en gran medida podríamos incluso hasta pensar que de hecho es el gran problema de la economía actual: la reducción, la recuperación, el reciclaje, la valoración y eliminación de los residuos y materias que producen las actividades de consumo y producción humanas.

 

El establecimiento de unos objetivos claros en la materia y el cumplimiento de los Planes de Residuos es evidentemente el gran reto al que debe enfrentarse nuestro Gobierno, sin menoscabo de que por el conjunto de la sociedad se adopten unas pautas de comportamiento más respetuosas con el medio. En todo caso, es evidente que pese al comportamiento de la población la incapacidad de nuestras Administraciones Públicas para cumplir con sus obligaciones en materia de recogida, tratamiento y eliminación de residuos es desde todo punto de vista algo extremadamente preocupante dándose retrasos evidentes en la ejecución de los Planes. 

 

3.3. El ejemplo agrícola.

 

La agricultura ha sido tradicionalmente la gran consumidora de suelo y recursos naturales. Las técnicas agrícolas tradicionales extensivas en el uso y consumo de recursos presentan, sin embargo, un alto rendimiento ecológico dando forma incluso a espacios de alto valor cultural, tal y como se ha expresado por nuestro Gobierno. Las técnicas agrícolas modernas, mucho más intensivas y esenciales para garantizar un alto nivel de producción de alimentos, pueden no obstante provocar daños irremediables en el medio, exigiéndonos evidentemente la necesidad de tener que redirigir de hecho todo el abanico de ayudas públicas que recibe el sector (vía POSEICAN, OMC del plátano, etc.) a la producción y promoción de una agricultura más ecológica.

 

La agricultura se nos puede presentar, así en este sentido, como un ejemplo de lo que supone el desarrollo económico y disfuncionalidades que puede provocar. La aparición de los modernos medios de transporte y la mecanización en general de las actividades han supuesto, por ejemplo, para las economías agrícolas el declive de una parte importante de su actividad con el abandono y desaparición de todas aquellas tierras dedicadas tradicionalmente al cultivo de alimentos y forrajes para el ganado y animales sustituidos por la mecanización.

 

Desde esta perspectiva no hay dudas en cuanto a que el desarrollo económico y tecnológico nos ha permitido aumentar la productividad agraria. Sin embargo, también es evidente que ello se ha producido a cambio de dejarnos en herencia unas enormes superficies de terrenos baldíos y abandonados viviendo de una población marginal que dan lugar a un escenario que ha supuesto para las economías industriales la necesidad de garantizar su  protección.

 

En todo caso, el tipo de protección que se viene ofreciendo se nos antoja a todas luces también económicamente ineficiente y ecológicamente gravosa necesitándose de cambios en el modelo de Política Agrícola y protección consecuente aplicada. A este respecto apenas apreciamos interés en nuestro Gobierno quién sigue insistiendo en la revalorización de las actuales ayudas agrícolas, tal y como se puede apreciar en el punto 115 de su documento, obviando al propio tiempo la necesidad de proceder a una más justa distribución de las mismas y en provecho naturalmente de los productores más pobres. En general, seguimos echando en falta, por tanto, la existencia de propuestas concretas de impulso también al desarrollo rural, y cara a una ordenación equilibrada y sostenible de la propia actividad, para reconducir entre otras cosas problemas como los que conlleva el impacto, por ejemplo, de los invernaderos sobre el paisaje.

 

3.4 La extracción minera.

 

Nadie duda, por lo demás, de que la extracción de áridos y la producción de piedra comporta evidentes problemas para el medio que se ve mermado con la destrucción irreversible de unos recursos naturales escasos. En todo caso el mantenimiento de la actividad debe venir garantizada con el establecimiento de medidas que contribuyan a hacer efectivas las obligaciones de restauración del medio tal y como establece el Gobierno de Canarias en su documento.

 

3.5 Energía y telecomunicaciones.

 

Las medidas que desde Canarias se han venido proponiendo parecen desde todo punto de vista adecuadas, sin perjuicio de considerar que las demandas en pro del enterramiento y conducción bajo tierra de los tendidos eléctricos, etc. allí donde sea posible puede ser un objetivo plausible, siempre y cuando no genere mayores costes medioambientales. No podemos dejar de señalar que el daño que ello puede producir en el suelo puede ser incluso mayor que el que actualmente provocan para con el paisaje.

 

3.6 Transporte.

 

La polución y congestión del tráfico y el consumo en general de suelo que generan las necesidades de infraestructuras de transporte son sin duda los más graves problemas que acusa la actividad. En este sentido, y aunque los objetivos parecen claros la política de transporte seguida por nuestra Comunidad Autónoma sigue sin dar frutos claros, pese a su coste, volumen de inversiones y nivel de ayudas y subvenciones.

 

En este sentido, parece evidente que si queremos racionalizar el intensivo uso de suelo por parte de las infraestructuras habrá que incluir los costes reales de las infraestructuras y del medio ambiente en las políticas y decisiones de inversión; y en los costes e impuestos, por supuesto, que recaen sobre los usuarios.

 

Si buscamos mitigar, por otra parte, las necesidades de transporte se hará preciso ante todo disponer de una planificación económica y de los usos del suelo adecuada, entendiendo de igual forma que si lo que deseamos es mejorar el uso del automóvil y reducir los efectos de su polución habrá que acabar por incentivar, sobre todo, el empleo de vehículos más ecológicos y la renovación consecuente del parque.

 

Si apostamos por favorecer por último el desarrollo del propio transporte público parece lo más lógico pensar que habrá que mejorar ante todo la calidad y competitividad de su oferta lo que comporta, por supuesto, reducir las barreras que limitan el crecimiento y la competencia en el sector.

 

Compartiendo por tanto en conjunto los objetivos propuestos por nuestro Gobierno en su documento podríamos así decir que incluso decisiones de inversión que hoy se presentan como irrenunciables en Canarias, cuales son las de implantación de sendas líneas de trenes en las principales islas del Archipiélago, pueden tornarse insostenibles en el tiempo.

 

3.7 Industria.

 

El escaso peso de la industria en Canarias y la ausencia de industrias altamente contaminantes nos colocan sin duda en una posición envidiable para la protección de nuestro medio ambiente ante fenómenos graves, como por ejemplo, la lluvia ácida, etc.. No obstante es evidente que una mayor participación de nuestra industria en el logro de un desarrollo sostenible puede ser importante por lo que el fomento de medidas como las que se vienen proponiendo cara a la introducción de tecnologías más limpias, ecoauditorías, ecoetiquetas, etc. parecen bastante saludables. 

 

Por lo demás, parece evidente que los propios objetivos de mayor desarrollo industrial y diversificación económica a los que aluden los distintos planes del Gobierno canario están seriamente amenazados por los altos precios del suelo y la especulación a la que se ven sometidas los polígonos industriales inmersos en una espiral que fomenta el consumo de suelo y la propia aparición de polígonos clandestinos. Aún asumiendo los compromisos ofrecidos por nuestro Gobierno no dejamos, por tanto, de lamentar la escasez de medidas que contribuyan a mejorar nuestra oferta de suelo industrial para hacer posible y atractiva la inversión en Canarias.    

 

3.8 Construcción.

 

En todo caso, es evidente que nuestras mayores inquietudes se nos presentan ante la construcción como actividad básica de nuestra economía. El peso y la importancia que tiene para el mantenimiento del empleo y la generación de la renta regional es indudable al igual que los son todos los efectos medioambientales que de la actividad se derivan. El reto al que nos enfrentamos es por tanto el de avanzar hacia una construcción más ecológica incentivando la investigación en este campo y a fin de mejorar la calidad de los productos y materiales inmobiliarios. Habrá que compartir en esta línea las propuestas avanzadas por el Gobierno de Canarias sin olvidar también la necesidad de introducir criterios de eficiencia energética y ambiental en la construcción de viviendas, con incentivos especiales para las de protección oficial (VPO).

 

3.9 Turismo. 

 

Poco se puede decir respecto al análisis y propuestas que a favor de un turismo sostenible se viene proponiendo, no ya por nuestro Gobierno sino en general por organismos tales como la propia UE o la OMT. La Conferencia mundial a favor de un turismo sostenible celebrada en Lanzarote, y sus propuestas a favor del mismo pueden ser en este sentido puntos de partida interesante, teniendo en cuenta por otro lado que en las mismas no se encuentran referencias, por supuesto, a medidas que podría ser calificadas de perniciosas y claramente restrictivas de la competencia como las que se derivan de los proyectos de Ley presentados y Decretos de moratoria recientemente aprobados por nuestro Gobierno.

 

Los efectos perversos que se pueden derivan de tales medidas al precipitar las inversiones y  la ilegalidad, por tanto, de los planteamientos que se viene haciendo desde nuestro Ejecutivo en este terreno son evidentes en tanto siguen sin entenderse, entre otras cosas, que un desarrollo sostenible pasa, tal y como se puede interpretar de la propia Declaración de Río sobre el medio ambiente y el desarrollo y su Agenda 21, por un buen funcionamiento de los mercados y el establecimiento de un marco competitivo adecuado. Desde este punto de vista nada de lo que nos ofrece por el Gobierno parece contribuir a ello tal y como arriba se ha constatado.

 

Habrá que indicar por otra parte la importancia que el turismo tiene en nuestra economía siendo el verdadero impulsor de ésta. Desde esta línea, por supuesto, nadie parece dudar de la necesidad de ordenar nuestra oferta a fin de mejorar su calidad y evitar cualquier deterioro de ésta.

 

A estos efectos no dejamos siquiera de señalar que el crecimiento de toda oferta turística se ha movido, también desde siempre, en parámetros que esconden un alto componente especulativo. Sobre la misma han influido en todo momento las circunstancias políticas; y a su lado han gravitado y gravitan por lo común inversores y capitales carentes de experiencia, sin interés muchas veces por el sector y con inversiones que se entienden en ocasiones de refugio o en las que priman por momentos más las virtudes del ahorro inmobiliario o el escenario fiscal que el desarrollo de cualquier producto turístico. Este podría ser incluso el caso de las llamadas Comunidades de Propietarios cuya actividad y circunstancias han sido ya desvelados por nuestra propia legislación tal y como se constata en la vigente Ley de Ordenación del Turismo de Canarias.

 

Por otra parte nadie duda de que la fijación de unos determinados estándares turísticos de calidad y mejoramiento de la oferta siguen siendo imprescindibles para el futuro del sector. De todas formas de poco sirven tales criterios si los mismos no se aplican con rigor. De nada vale en consecuencia que las restricciones se exijan a la nueva oferta del mercado si las mismas no se extienden también así por igual al conjunto de productores, obligando en definitiva a la reforma y reconversión de lo que se considera planta alojativa obsoleta.

 

De no ser así lo que ocurre es que nos encontraríamos simple y llanamente ante una restricción encubierta de la competencia, con normas discriminatorias imposibles de admitir en un Estado de Derecho donde la justicia exige, entre otras cosas, que las medidas estén regladas y vengan adecuadamente justificadas de manera que resulten proporcionadas a los fines que persiguen.

 

Por ahora no hay nada a este respecto que nos permita pensar que las medidas de nuestro Gobierno caminen así en la dirección adecuada. Más bien todo hace creer lo contrario. Tanto el Decreto sobre moratoria o el PlOT de Lanzarote pecan en este sentido, también por ejemplo, de clara complacencia.

 

Por lo demás, el temor que parece expresar nuestro Gobierno ante el desarrollo turístico podría llegar a ser en todo caso también exagerado. Así, de acuerdo con los datos de nuestro Gobierno el potencial de la oferta turística canaria puede alcanzar en estos momentos el millón y medio de plazas contando para ello, por supuesto, con las ya construidas, las pendientes de ejecutar o las previstas por el planeamiento urbanístico vigente. Ello podría suponer en conjunto triplicar la oferta actual para alcanzar cifras que nos coloquen en la necesidad de  superar en valores de hoy casi los 60 millones de turistas o ejecutar inversiones que superan por billones el valor de nuestro PIB representando un escenario imposible de alcanzar siquiera a medio plazo. Por lo demás los valores de esa oferta turística potencial -contemplada en un planeamiento con vigencia en algunos casos desde hace más de diez años- deberán contemplarse en el tiempo de forma actualizada y ante los efectos entre otras cosas de los nuevos estándares urbanísticos y normas de calidad hasta ahora aprobadas.  

 

Las posibilidades de desarrollo de la actual oferta turística de nuestro Archipiélago están, por consiguiente al final, seriamente cercenadas por la propias condiciones del mercado y enmarcadas evidentemente en una estrategia de muy largo plazo. Las moratorias, tal y como demuestran distintas experiencias, no hacen más que precipitar por tanto los acontecimientos debiéndose frente a ello actuar en consecuencia y dentro límites que permitan a los mercados responder siempre de manera pausada y a ritmos convenientemente ordenados.

 

Desde este punto de vista no hemos dudado nunca  -tal y como se confirma de las actas y debates sostenidos por la Asamblea General de este Círculo de Empresarios en el  marco del presente Memoradum- de la legitimidad y capacidad de nuestro Gobierno para establecer Directrices Generales de Ordenación del Territorio. No obstante, entendemos que éstas se deben ofrecer dentro de una estrategia que responda a las reglas y principios de buen funcionamiento de una economía de mercado. Es evidentemente que los mercados turísticos a nivel global están seriamente limitados, ya sea por comportamientos oligopolísticos, o por restricciones y barreras de muy diverso signo. Lo que se pide, en consecuencia, de una política turística es que sepa responder a todo ello ofreciendo la cobertura que los mercados requieren para actuar con eficacia.

 

3.10 Comercio.

 

Como hemos dicho tampoco no es posible coincidir en el análisis global que a estos efectos se nos propone por el Gobierno. Las necesidades de suelo que exigen las nuevas áreas comerciales no representan a nuestro juicio un problema tan grave para el medio como pudiera ser al final el de la propia existencia de un comercio no sostenible que fomente el consumo de productos de baja calidad y dañinos para el medio.

 

En el análisis que sobre el sector nos ofrece el Gobierno sigue sin tomarse en cuenta por tanto los problemas que a todos estos efectos se nos pueden presentar. Desde esta perspectiva los impactos que para con el territorio representan las grandes superficies comerciales se ven ampliamente superados por las necesidades de disponer de un comercio competitivo y de calidad.

 

Los altos precios de los alquileres consecuencia también de las limitaciones al establecimiento de nuevas superficies comerciales se presentan, así por tanto,  como una de las cosas de mayor incidencia evidentemente en el desarrollo de la propia actividad comercial, limitando la capacidad de inversión del pequeño y mediano empresario y el mantenimiento consecuente de un amplio, moderno y renovado tejido empresarial.

 

En el marco de un comercio sostenible se hará necesario, por consiguiente, garantizar las adecuadas condiciones de competencia a todos los niveles y a fin de que, conforme se expresa por la propia Declaración de Río sobre crecimiento y medio ambiente, “las medidas de carácter medioambiental no constituyan una discriminación arbitraria o injustificable, ni una restricción velada al comercio y la inversión”. Una sana y leal competencia contribuye de forma adecuada a la asignación de recursos, siendo ello algo que nos permite abordar de mejor manera los problemas de la degradación medioambiental.

 

3.11 Administraciones Públicas.

 

Nuestras administraciones públicas pueden ser al final evidentemente el mayor foco de contaminación de nuestras Islas dados los efectos medioambientales que se derivan de sus políticas y el propio peso específico que supone su actividad en el conjunto de la economía. Un desarrollo sostenible exige así de Administraciones sostenibles sometidas, entre otras cosas, a ecoauditorias. Exige por ejemplo de cambios que afectan entre otros a los procesos de compra, a las políticas de aprovisionamiento y al conjunto del consumo y actividad pública a fin de valorar desde la adquisición de productos mucho más ecológicos a la menor producción de residuos.

 

Para el logro de un desarrollo sostenible se hará preciso en consecuencia disponer de unas administraciones públicas competentes o competitivas a todos los niveles, capaces de asumir los retos y liderazgo que se exigen al efecto. Es de lamentar a este respecto la falta de compromisos concretos por parte de nuestro Gobierno en su documento sin que ello nos impida desde el presente Memoradum dejar constancia de nuestro apoyo a la posible implementación de Agendas 21 por parte de nuestras Administraciones, tal y como se propone por nuestro Ejecutivo en su documento.

 

3.12 La cuestión de los  instrumentos. 

 

A) El encaje de una nueva fiscalidad para una nueva contabilidad.

 

A lo dicho no dudamos por lo demás en añadir, para el éxito de un programa de acción como el que venimos comentando, todas esas otras propuestas a favor de las PYMES -y para facilitar su acceso a tecnologías más limpias- protección del patrimonio, etc. que desde la propia UE se nos viene exigiendo, reiterándose convenientemente por nuestro Gobierno en su documento.

 

Dentro de ese esquema consideramos que adquiere capital importancia, por supuesto, las llamadas a la introducción de lo que se ha llegado a calificar de instrumentos de mercado (impuestos, ecostasas, compras de derechos medioambientales, etc.) los cuales de acuerdo con la experiencia adquirida en muchos países se presentan como mucho más efectivos que las técnicas o instrumentos tradicionales de intervención, planificación, regulación, etc.

 

En todo caso, parece evidente que éxito en la introducción de tales instrumentos de mercado para la ordenación de un desarrollo sostenible viene determinado por su equilibrio en un cuadro de eficiencia y eficacia, lo que comporta, entre otras cosas, la realización de cambios y su adecuada combinación con el resto de técnicas de intervención. En este sentido, no vemos posible, y sería por el contrario enormemente contraproducente, la introducción por ejemplo de ecotasas o de nuevos impuestos medioambientales si ello no va acompañado evidentemente de una reforma global del propio sistema tributario y en orden entre otras cosas a garantizar la competitividad de nuestras empresas y economía en términos al menos de equivalencia en grado de presión fiscal.

  

Desgraciadamente tales consideraciones no parecen ser tenidas en cuenta por nuestro Gobierno siendo de esperar naturalmente que dé cumplida cuenta de todas ellas en el marco de la estrategia que viene proponiendo. En esta línea por ejemplo podría presentársenos como necesario la oportunidad de reclamar, por ejemplo, una reforma del Impuesto de Bienes Inmuebles a fin de dotar de exenciones y bonificaciones sobre el mismo a aquellos inmuebles de naturaleza bioclimática.

 

Por otra parte, y dentro de la línea y propuestas que a todos estos efectos se nos ofrece por nuestro Gobierno, no dudamos tampoco en compartir evidentemente la necesidad de realizar un mayor control sobre el conjunto de las ayudas públicas que se perciben por las empresas en Canarias valorando evidentemente sus efectos para con el medio ambiente. El caso mil veces analizado de los incentivos agrícolas o las propuestas gubernamentales que se realizan entorno a la RIC reflejan la incidencia e importancia que tienen también éstas para con aquel.

 

En todo este orden de cosas no dudamos, por tanto, en apoyar la necesidad de reflexionar sobre el papel de los incentivos fiscales y el conjunto, en definitiva, de instrumentos de lo que debemos disponer para garantizar un desarrollo económico sostenible, dentro de un marco global y concertado que aprecie, por supuesto, el papel bajo el que cabe aplicar, por ejemplo, las directrices comunitarias en la materia y la mejora en conjunto de las figuras que componen hoy nuestro Régimen Económico y Fiscal garantizando que el mismo contribuya también al mayor desarrollo económico, social y ambiental de Canarias.

 

B) De una nueva contabilidad a una más justa distribución de la riqueza.

 

Evidentemente, apostamos en consecuencia por todas esas propuestas que se realizan desde nuestro Gobierno en orden a perfeccionar nuestros métodos de análisis y evaluación económica a fin de tomar en cuenta las variables medioambientales en el diseño de nuestras políticas económicas.

 

Nada podemos objetar, por consiguiente, a las propuestas sobre instrumentos que se reclaman desde el Gobierno, a no ser que reconozcamos también que las medidas adoptadas hasta el momento resultan totalmente insuficientes y claramente regresivas. En especial si consideramos la situación que presentan nuestros presupuestos públicos, y su falta de criterios a la hora de garantizar una justa y adecuada distribución entre las Islas y sus habitantes de sus recursos y rentas.

 

No creemos sin embargo que sea necesario insistir aquí en las diferencias sustanciales que a todos estos efectos se producen entre las Islas y sus habitantes. Ni resaltar en todo caso la grave situación que por supuesto también presenta Gran Canaria a estos efectos, sin duda la Isla ecológicamente más dañada y la peor tratada en tal supuesto por los presupuestos. En conjunto, por tanto, a lo que aspiramos es a que por fin tales situaciones se corrijan y que en aras a un desarrollo sostenible podamos disponer de instrumentos y medidas que ayuden a solventar las diferencias hasta ahora dadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conclusiones.

 

La Agenda XXI adoptada por todas las naciones de la tierra representa el gran programa marcado por las naciones del mundo para el siglo XXI a favor de un desarrollo sostenible. Como tal supone el logro de un derecho universal a través del que los países se comprometen a la adopción de medidas y al respeto a toda una serie de principios (como el de quién contamina paga, prevención, etc.) que hagan posible el crecimiento económico y la preservación del medio ambiente para configurar un desarrollo sostenible, entendido entre otras cosas como aquel que garantiza el crecimiento de las generaciones presentes sin poner en el peligro el crecimiento de las generaciones futuras.

 

Al desarrollo sostenible se refiere, por supuesto y por primera vez en nuestra legislación, la Ley de Ordenación del Territorio de Canarias y el posterior Decreto Legislativo 1/2000 por el que se aprueba el Texto Refundido de dicha Ley y la de Espacios naturales de Canarias. Desgraciadamente, y desde las propias instancias oficiales la normativa existente se nos viene presentando como completamente inútil e incapaz de garantizar por lo que se ve un desarrollo sostenible de Canarias. Las propuestas del Gobierno formulando un anteproyecto de Ley de medidas urgentes en materia de desarrollo sostenible de Canarias así nos lo revela.

 

La causa de tal fracaso hay que achacarla evidentemente a la incapacidad y reiterado incumplimiento de los instrumentos de planificación que desde el Gobierno y las distintas administraciones públicas se nos viene permanentemente proponiendo. En este sentido, y pese a lo ampulosamente declarado por Leyes como las que regulan la ordenación de nuestro territorio, seguimos entre otras cosas recurriendo rigurosamente a técnicas de planificación desintegrada, abusando, en definitiva, de nuestra capacidad de intervención para la formulación de planes de todo tipo muchas veces inconexos y contradictorios.

 

Da la impresión así de que la avalancha normativa a la que a veces nos lanzamos no contribuye más que a hacernos olvidar al final nuestras propias obligaciones para con lo importante o para con la aplicación, en definitiva, de unos valores y principios que deberíamos considerar fundamentales. No dejamos de olvidar en consecuencia que derechos tales como el de la propiedad, libertad de empresa o participación viven a veces así seriamente amenazados por normas de diversa naturaleza.

 

El nuevo anteproyecto de Ley que a efectos de un desarrollo sostenible ha presentado nuestro Gobierno no presenta, en este sentido, ningún cambio en el panorama actualmente existente y apenas supone, por tanto, avance para el establecimiento de un tal desarrollo en Canarias, al menos en la línea que así se ha entendido por la Comunidad Internacional o por la propia Unión Europea a cuya estrategia o plan de acción en materia de desarrollo sostenible deberíamos seguramente suscribirnos.

 

En todo caso, habrá que agradecer al Gobierno de Canarias los esfuerzos que viene realizando en aras a abrir el debate entorno a la necesidad de avanzar hacia el logro de un desarrollo sostenible de las Islas. Por la totalidad de los agentes económicos, políticos y sociales se ha evidenciado la necesidad del mismo. No en vano de lo que estamos hablando es también de mejorar nuestra competitividad, pues como parece demostrado un desarrollo sostenible nos brinda también la oportunidad de abrir cauces a unas nuevas y mejores formas de prosperidad, generación de empleo y creación de negocio.

 

Compartimos en consecuencia la necesidad y oportunidad del cambio a la que alude nuestro Gobierno. Desde esta perspectiva nuestras diferencias con su documento de acción y debate “Borrador de Compromiso por el Desarrollo Sostenible de Canarias”  pueden ser consideradas también mínimas aunque no por ello sustanciales, y en tanto que como hemos intentado presentar afectan también a la interpretación de los datos y por extensión a la viabilidad de las medidas propuestas.

 

En este sentido, y como Círculo de Empresarios hemos apostado por la formulación de un nuevo compromiso en pro del desarrollo sostenible de Canarias que en línea con lo ofrecido por nuestro Gobierno incluya, además de a Cabildos Insulares y Ayuntamientos, a la sociedad en general en orden al logro de los objetivos propuestos. Lamentamos en definitiva que del borrador de “Compromiso por el Desarrollo Sostenible de Canarias” queden excluidas de esta manera sectores o actuaciones que se pudieran considerar también esenciales para el conjunto de la economía o medidas en conjunto que nos adviertan de la necesidad de crear una sociedad cada vez más justa, libre y próspera.

 

El manifiesto adoptado por la Asamblea General del Círculo de Empresarios de Gran Canaria de 3 de abril de 2001 sobre la moratoria turística contempla en este punto nuestra determinación en defensa de lo expuesto y a él nos remitimos en consecuencia como mejor conclusión al presente Memoradum.

 

ANEXO

 

Resolución de la Asamblea General del Círculo de Empresarios de Gran Canaria.

 

SOBRE LA MORATORIA TURÍSTICA

MANIFIESTO DEL CIRCULO DE EMPRESARIOS DE GRAN CANARIA

El Circulo de Empresarios de Gran Canaria, ante el gran riesgo que para la economía de las Islas representan la decisión adoptada por el Gobierno de Canarias sobre la moratoria  turística y el anunciado proyecto de Ley de Desarrollo Sostenible, quiere expresar su postura en los siguientes términos:

1.-       El turismo de sol y playa, que tan negativamente es valorado en la campaña oficial y “oficiosa’ del Gobierno de Canarias, ha sido y es el motor de nuestra economía, principal base de la riqueza y bienestar que hoy disfruta el Archipiélago Canario.

2.-       Es una grave irresponsabilidad crear estados de opinión que puedan originar actitudes negativas hacia nuestros visitantes turísticos “de sol y playa”.

3.- Es injusto acusar a las construcciones turísticas de los aspectos negativos de la situación actual, olvidando el grave deterioro del paisaje que producen principalmente las cuantiosas construcciones ilegales y la falta de control de las mismas por parte de la Administración (véase el entorno de muchas construcciones turísticas de calidad).

4.- La moratoria tiene efectos perversos que, lejos de resolver los problemas, los agrava, pues a corto plazo precipita las construcciones, y a medio plazo no logrará la reconversión de las plazas obsoletas, al limitarles la competencia y garantizarles con ello cierta rentabilidad.

5.-       La moratoria perjudica de forma particular a los intereses de la isla de Gran Canaria, ya que la paraliza por segunda vez (la primera como consecuencia del Plan Insular de Ordenación Territorial).

6.-       Canarias como destino turístico de primer orden, requiere, para que éste continúe siendo atractivo y competitivo, una inversión permanente que actualice y mejore nuestra oferta, adaptándola al máximo a las nuevas tendencias del sector.

7.-       Rechazamos que la solución pase por modificar las reglas del juego de una economía libre de mercado, a través de una intervención pública primero y de una planificación política de las inversiones después.

8.- Desconfiamos de la experiencia y del conocimiento de la Administración Pública, tan sometida a los avatares políticos, para planificar el futuro turístico.

9.- Mejorar nuestra competitividad significa ampliar cada vez más la rentabilidad de nuestro destino turístico a base de una mejora de la calidad, tanto de  nuestra oferta actual como de la futura que, sin duda, serán diversificadas, sin una innecesaria tutela política.

10.- Valoramos como positiva la aspiración a reflexionar y pactar sobre el mejor uso posible del territorio canario y en consecuencia proponemos:

a)  No crear más legislación y con ello más burocracia, y que se cumplan las leyes, disposiciones y planes ya aprobados sobre Ordenación del Turismo, del Territorio y de los Espacios Naturales de Canarias.

b)  Que el Gobierno autónomo renuncie a la tentación de obtener mas poder realizando en Canarias políticas económicas fracasadas, como es la de planificación pública de las inversiones productivas (en esta ocasión las turísticas).

e)  Que el equilibrio presupuestario de las instituciones y organismos públicos se logre a través de una buena gestión y no del incremento continuado de la fiscalidad.

d)  El desarrollo sostenible debe ser una filosofía no sólo aplicable al sector turístico, que es sin duda el más importante, sino también al resto de los sectores.

e)  Que el futuro debe pasar por un gran pacto de calidad tanto en las construcciones turísticas y residenciales como en el entorno donde éstas se construyan, así como en las obras públicas: carreteras integradas en el paisaje, regeneración de barrios marginados, rehabilitación de los cascos históricos y de forma muy especial, las viviendas sociales, cuyo desarrollo, en cantidad y calidad, es imprescindible si se quiere detener las construcciones ilegales.

            El Círculo de Empresarios de Gran Canaria no duda de la buena fe de quienes han iniciado este proceso de intervención y planificación política del sector turístico, pero sí lo rechaza, por ser una estrategia poco adecuada a la madurez y al desarrollo de la sociedad canaria.

Las Palmas de Gran Canaria, 3 de abril de 2001.

 



[1] Un análisis de este tema fue abordado por el Círculo en 1998 bajo el título “Población. Políticas y debates”. En dicho trabajo se pretendió  exponer la relación existente entre crecimiento económico y crecimiento demográfico junto a las bases sobre las que asentar su equilibrio, hablándose de que el crecimiento de la  tasa de población debe ser inferior a la del propio producto interior bruto, o menor como mucho a la relación entre ahorro interno neto y relación marginal capital-producto.