Aunque existen trabajos sobre demografia desde mucho antes no fue hasta mediados del siglo XVIII cuando el estudio sobre la evolución de la población adquiere verdadero valor ciéntifico. El reverendo inglés Thomas Malthus puede, ser en tal sentido, catalogado como el impulsor de sus debates al insistir particularmente en la necesidad de llegar a un control del crecimiento de la misma, y para remediar la desproporción que puede darse entre crecimiento de la población y producción de alimentos.
Malthus advertía así que mientras la producción de agrícola tiende a crecer de forma aritmética, la población lo hace en progresión geométrica de forma que llegará un momento en que ya no va a ser posible cubrir las necesidades básicas de los individuos.
Las teorías de Malthus, sin embargo, se vieron pronto cuestionadas por el propio avance científico y trás observarse que el desarrollo tecnológico podía romper las bases de partida de su pensamiento, desde el momento mismo en que pueda lograrse incrementar la producción de alimentos con una menor superficie de suelo.
Con todo parece evidente que los trabajos de Malthus contribuyeron a despertar el interés por los problemas de la población enfrentándose hoy, y en ese sentido, dos grandes corrientes de pensamiento: la de quienes consideran de hecho que existe relación entre crecimiento de la población y crecimiento económico y la de quienes opinan en general, justamente, lo contrario.
Para los primeros, naturalmente, existe una correlación histórica positiva entre crecimiento demográfico y desarrollo, ya que la existencia de un número elevado de productores y de consumidores constituye un factor de progreso dado que favorece los intercambios, las comunicaciones, la especialización y una mejor división del trabajo. En tal sentido, alertan respecto a lo que significa cualquier reducción de la población en cuanto puede conllevar a pérdidas de capital humano, capacidad de crecimiento, desarrollo y evolución.
Para los segundos, por contra, la demografía debe verse sobre todo como ciencia independiente entendiendo que la evolución de la población responde a otros muchos factores que afectan en general al conjunto de la sociedad.Advierten, por ejemplo, que la superpoblación o un elevado número de hijos reduce al final las posibilidades de ahorro aumentando el crecimiento de la oferta de trabajo en detrimento de la propia aumulación de capital, dando aliento a una mayor presión sobre los recursos naturales y afectando negativamente a la mejora del ingreso, de la renta per capita y del propio bienestar.
Esta discusión se ha trasladado, naturalmente y de forma especial,
a los territorios insulares, máxime tras la aparición de
trabajos como los de B. Fustier en los que se concluye que el factor que
determina el llamado peso de la insularidad es precisamente el tamaño
de su mercado o la ausencia, en definitiva, de economías de aglomeración,
esto es: la falta de población, o dicho de otra forma también
lo reducido de sus ciudades.
La disyuntiva planteada ha llevado, por consiguiente, a profundizar en el estudio y análisis de los problemas de la población intentándose por algunos autores buscar un tamaño óptimo para la misma y analizar lo que se ha dado en llamar la capacidad de carga de la tierra barajándose cifras como las de 20 mil millones de personas.
Sea lo que fuere lo cierto es que la población se ha convertido en objeto de interés para las políticas de desarrollo económico, tal y como se comprobó en 1994 en el Cairo con la celebración bajo los auspicios de la ONU de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo donde se abogó por la adopción de medidas que contribuyan a controlar el crecimiento de la población, especialmente en los países más pobres.
Se parte de la idea según la cual el desarrollo económico
requiere, en todo caso, que el crecimiento de la tasa de población
sea inferior a la del propio producto interior bruto, o menor como mucho
a la relación entre ahorro interno neto y relación marginal
capital-producto.
En este sentido, los estudiosos de la población debaten hoy sobre
el modo y manera de controlar y ordenar el crecimiento de la misma. A estos
efectos, cabría decir que se adivina en el momento actual dos grandes
escuelas: la de aquellos que defienden políticas de oferta,
basada en el control de la natalidad, en el número de matrimonios,
etc. caso de las empleadas en China o en la India; y la de aquellos otros
partidarios de políticas orientadas a la demanda, como las
empleadas, por ejemplo, en Japón durante los años de la postguerra;
partiendo del principio de que es el propio crecimiento económico
el que conduce al control del crecimiento de la población, al entenderse
que el aumento del ingreso conlleva a un aumento paralelo del coste de
la producción de hijos.
La evolución de la población se ha convertido así en objeto especial de estudio analizándose su historia y proyección futura. A este respecto cabe decir que cualquier cifra de estas características debe ser siempre adoptada con prudencia. Sobre evolución pasada hay cálculos realizados por distintas fuentes. Se tiende, por lo demás, a hacer proyecciones de futuro sobre las que hay que mantener siempre iguales precauciones. Todas las previsiones se hacen tomando como base de partida un determinado momento y una estructura generacional dada. Desde el momento en que esa estructura cambia cualquier proyección realizada pierde su valor.
Por lo demás, los datos que se ofrecen sobre volumen de población mundial deben ser admitidos siempre con cierto relativismo puesto que como sabemos el censo en muchos países subdesarrollados dista mucho de ser perfecto. No lo es siquiera en los países desarrollados.
Tomando en cuenta estos elementos hemos abordado las proyecciones del Fondo de las Naciones Unidas para la población y el desarrollo donde se consideran determinadas tendencias, desde aquellas que suponen que la población podría alcanzar los 28 mil millones de personas a aquellas otras que estiman que en un determinado momento podría reducirse hasta poco más de los 3 mil. El siguiente gráfico podría, en tal sentido, darnos esa visión de conjunto, a saber:

| Año | Población (en millardos) |
| 0 | 0.30 |
| 1000 | 0.31 |
| 1250 | 0.40 |
| 1500 | 0.50 |
| 1750 | 0.79 |
| 1800 | 0.98 |
| 1850 | 1.26 |
| 1900 | 1.65 |
| 1910 | 1.75 |
| 1920 | 1.86 |
| 1930 | 2.07 |
| 1940 | 2.30 |
| 1950 | 2.52 |
| 1960 | 3.02 |
| 1970 | 3.70 |
| 1980 | 4.45 |
| 1990 | 5.30 |
| 1994 | 5.63 |
| 2000 | 6.23 |
| 2025 | 8.47 |
| 2050 | 10.02 |
| 2100 | 11.19 |
| 2150 | 11.54 |
| Estabilización (Justo después del 2200) | 11.6 |
De otro lado, también, convendría decir que algunos estudiosos
opinan que esa situacion puede cambiar en la medida en que se ha notado
en algunos de esos países europeos un aumento en sus tasas de fecundidad
hasta acercarse a los niveles mínimos exigidos que garantizan el
necesario relevo generacional, esto es: la cifra de 2,1 nacimientos por
mujer. Estos hechos, sin embargo que se mencionan se argumentan, en todo
caso, como algo esporádico y para algunos países, como Suecia
en períodos dados, no alterando las tendencias, debiéndose
observar que siguen siendo Italia y España los Estados donde dicha
tasa adquiere niveles más bajos: 1,2 y 1,3 nacimientos por mujer
respectivamente.
Efectivamente, España se ha convertido en uno de los países
donde menos crece la población en este final de siglo, pasando de
ser en la década de los 50 unos de los Estados más fecundos
a la situación actual en la que se proyecta una reducción
importante de su volumen. En concreto se estima que de los 39,6 millones
de habitantes actuales pasará a 38,9 en el año 2015 y a unos
31,7 en el 2050. Esta situación naturalmente podría afectar,
por ejemplo y entre otras cosas, a la demanda de viviendas con los efectos
económicos que ello pudiera acarrear. Por lo demás, Canarias
no escapa a esta situación manteniéndose en la misma tendencia.
Por otra parte, si como parece fue la población europea la que protagonizo durante los últimos 5 siglos, y de forma espectacular, el crecimiento de la población mundial; la situación hoy ha cambiado, y, en estos momentos, es el continente africano, con tasas de fecundidad de 6 hijos por mujer, quién mantiene el liderazgo en este aspecto. Así si hace 50 años la población europea era el doble de la población africana en las próximas dos décadas la situación cambiará radicalmente y apenas llegará a representar poco más de un tercio de ésta. Las cifras son, en tal sentido, elocuentes:
| Año 1996 | Año 2015 | Año 2050 |
| 738.730 | 1.181.288 | 2.046.401 |
Efectivamente, todas las hipótesis coinciden en señalar que la economía mundial, y fundamentalmente, las economías occidentales deberán afrontar las próximas décadas un problema inexistente hasta el momento: el envejecimiento de sus poblaciones del que se espera traerá efectos importantes para todos los ámbitos de nuestra vida. Ciertamente para la mayoría de analistas el envejecimiento de la población en los próximos años acabará afectando, negativamente y entre otras cosas, al propio crecimiento del PIB. Sus consecuencias se dejarán sentir sobre la composición y en el financiamiento de nuestros gastos públicos, sobre los niveles de ahorro e inversión, sobre el coste del trabajo y en general sobre las totalidad de las pautas de consumo.
Europa, por otra parte, será la más afectada por el problema
y a ella, sin duda, se dirigirán con mayor intensidad si cabe las
presiones migratorias.
Del Sur al Norte.
Las migraciones han sido desde siempre preocupación constante de la historia del hombre, y no dejan de serlo, por consiguiente, en el momento actual. Los efectos que se derivan éllas son evidentes y en tal sentido no tenemos más que remontarnos a los ejemplos que la historia nos da, recordando lo acontecido desde la época ya del imperio romano, y la influencia que sobre el mismo ejerció, por ejemplo, la llegada masiva de pueblos "bárbaros".
La población humana se ha caracterizado, así y desde sus orígenes, por continuos movimientos migratorios que han girado entorno a distintas direcciones. Durante los últimos 5 siglos -y dejando a un lado, por supuesto, lo que supuso el tráfico de esclavos- ha mantenido a este respecto una clara orientación Norte-Sur, teniendo como base el crecimiento espectacular de la población europea en el período, con tasas que llegan a alcanzar la cifra del 10% anual frente al 4% de media mundial.
Así los europeos de origen llegan a representar hoy aproximadamente al 36% de la población mundial frente al 24% que representaban hace 300 años, siendo ese crecimiento de la población europea lo que determinó, en su momento y para muchos, la colonización masiva en la época de los descubrimientos.
No obstante, y como hemos dicho, esa situación parece haber cambiado, y, hoy las mayores tasas de crecimiento de la población se producen, en todo caso, en el continente africano adquiriendo los movimientos migratorios una otra dirección: Sur-Norte con la llegada masiva de emigrantes, por ejemplo, de America del Sur a América del Norte (20 millones de personas en los últimos 20 años con la mayor entrada de emigrantes que ha sufrido ese país, incluso mayor que la afluencia de europeos que se dió en los años 20) y la presión creciente de africanos y norteafricanos, eslavos, etc. hacia los países de la Comunidad Europea.
Iguales consideraciones cabría hacer respecto al resto de continentes y áreas oceánicas del pacífico e índico, con la llegada, por ejemplo, de filipinos, ceilandeses, pakistaníes, etc. a territorios prósperos como Japón, Singapur, Hong-Kong, Brunei, Kuwait, etc.. Es lógico pues que los flujos migratorios se conviertan así en unos de los mayores problemas de cualquier sociedad, dados los efectos que de éllos se derivan para con la población y el territorio. Canarias, por supuesto, no es ajena a esa situación creciendo la preocupación a medida que aumentan de hecho el número de inmigrantes y residentes nacidos fuera de las islas..
Los datos, por lo demás y a tales efectos, no permiten saber cual es el porcentaje exacto de personas que en Canarias, o en cada una de sus Islas, han nacido fuera de las mismas. Las cifras que se barajan se refieren, naturalmente, sólo a extranjeros con permiso de residencia dándose seguimiento a los flujos y movimientos que se producen al año, fundamentalmente, en el mercado de trabajo existiendo en el último quinquenio un saldo medio exterior neto positivo de aproximandamente 10 mil personas/año que supera, por supuesto, al crecimiento vegetativo de la población.
La mitad de los movimientos, por otra parte, son trasvases de población entre islas a los que siguen en importancia los emigrantes del resto del territorio nacional, europeos, sudamericanos y del resto del mundo que ocupan el último lugar. Del continente africano, por ejemplo, la media no supera las 150 personas/año.
Del campo a la ciudad.
Con todo, y el caso de Canarias no es a este respecto una excepción, habrá que señalar que los grandes movimientos migratorios se producen, ante todo, en una otra dirección, mirando del campo a la ciudad con la óptica del agrupamiento urbano y de los procesos de urbanización. El crecimiento de la población se produce, así y fundamentalmente, en el ámbito de las ciudades con el abandono del campo y el aumento de la urbanización.
El fenómeno es de sobra conocido y su análisis y crítica
se centra en los efectos que se predican los procesos urbanos para con,
por ejemplo, el incremento de la pobreza, en cuanto disminuyen las posibilidades
del individuo de producir sus propios alimentos, o, respecto a los problemas
de marginación, integración social, etc. a los que se enfrenta.
La distribución de la población ha llegado así a convertirse en eje fundamental de los debates, discutiéndose no sólo ya respecto a tamaños óptimos; sino, sobre reparto y desigualdad. Los datos, en tal sentido, reflejan una dispar distribución geográfica de la población. Dos tercios del mundo viven en menos de la décima parte de las tierras emergidas. El hemisferio norte alberga aproximadamente al 90% de la población y lo que es el viejo mundo a casi su 85%.
Tal desigualdad en la ocupación del planeta se hace patente con el examen de las densidades por país. Algunos, en tal sentido, apenas llegan a los 3 hab/km2 caso de Australia o Canada, Mongolia, Mauritania, Namibia o Bostwana y otros siquiera a 1 como el Sahara Occidental o la Guayana Francesa.
Esto contrasta, evidentemente, con la situación de otros territorios como Singapur, Hong Kong, Gibraltar, Macao o Mónaco que sobrepasan los 4000 hab/km2, o, como el caso del sudeste asiático con una media de 800 o Japón que supera los 300.
En la Unión Europea la situación es como sigue:
Las distintas posiciones podrían, no obstante también,
cambiar si se analizan los datos con relación, no ya a los kilómetros
cuadrados de superficie total, sino respecto a superficie útil de
tierra cultivable o cultivada. Por lo demás, el fenómeno
en el interior de los países presenta iguales diferencias, y así
en el caso de España nos encontraríamos con la siguiente
situación:
| Comunidad Autónoma | Hab/Km2 | Comunidad Autónoma | Hab/km2 |
| Andalucia | 80 | Aragón | 25 |
| Asturias | 103 | Baleares | 145 |
| Canarias | 210 | Cantabria | 99 |
| Castilla la Mancha | 21 | Castilla León | 27 |
| Cataluña | 191 | Ceuta-Melilla | 4070 |
| Extremadura | 25 | Comunidad Valenciana | 167 |
| Galicia | 93 | Madrid | 627 |
| Murcia | 94 | País Vasco | 287 |
| Navarra | 50 | Rioja | 52 |
| Isla | Hab/km2 |
| Gran Canaria | 457 |
| Tenerife | 327 |
| Fuerteventura | 25 |
| Lanzarote | 91 |
| La Palma | 115 |
| Gomera | 45 |
| Hierro | 31 |
| Bahrein | 599 |
| Sicilia | 201,5 |
| Cerdeña | 65,8 |
| Isla de Man | 110 |
| Mallorca | 147 |
| Malta | 1371 |
| Creta | 54 |
| Chipre | 88 |
| Rodas | 47 |
| Okinawa | 845 |
| Mauricio | 536 |
La discusión, sin embargo, se mantiene abierta y previsiblemente así continuará, confiándose en que conceptos como el de calidad consigan en todo caso solventar algún día las cuestiones. Porque no se trata sólo de incrementar o reducir la población sino de contar sobre todo con unas buenas bases de capital humano. Por lo mismo cuando se trata de hablar de desarrollo se fuerza a extremos el propio concepto de éste, concibiéndolo en términos de sostenible.
Demográfos y economistas se enfrentan por hayar una explicación que encierre en un modelo único la totalidad del universo en nuestras sociedades. Para los unos el desarrollo está marcado por la evolución de la población, para los otros en la evolución de la innovación. En todo caso, quizás sea ante todo producto de múltiples interacciones. Múltiples interacciones que van desde los entornos físicos, biológicos, medioambientales, etc. a los fundamentos mismos de los sistemas sociales y económicos.
Interacciones múltiples que acaban, en definitiva, manifestándose en fórmulas de interés político, pues afectan, fundamentalmente y sobre todo, a la libertad de los individuos. La historia del hombre de quedar marcada por algo sería, así también, por el esfuerzo, el afán y la lucha por la superación. Por un constante bregar contra las limitaciones del medio reivindicando derechos y dignidad.
En Canarias vivimos un clima de creciente intervención política,
sobre la población, el territorio y la totalidad de sus mercados
de bienes y servicios. Si tales cosas son producto de un reflexión
meditada o de la improvisación es algo que aún queda por
aclarar. De todas formas no conviene olvidar que de alguna u otra manera
lo que está en juego es el propio desarrollo regional.