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RESOLUCIONES

ASAMBLEA GENERAL 15 DE NOVIEMBRE DE 1996
DECLARACION PUBLICA
 El Círculo de Empresarios de Gran Canaria desea expresar en este
manifiesto su preocupación por la actual situación política y económica de
Canarias puesto que, si bien exige a nuestros gobernantes tomar decisiones,
las reformas necesarias no llegan, y aunque se habla mucho de éllas, sólo
presenciamos soluciones ambiguas y retrasos injustificados, e incluso claros
intentos de que nada cambie.
 
 Nuestra Comunidad tiene la necesidad imperiosa de encontrar el
camino de la ética, el rigor y la responsabilidad, pero, para iniciar este
camino hay que abordar tres reformas básicas: la electoral, la administrativa
y la presupuestaria.


REFORMA ELECTORAL.

NO HAY UN BUEN SISTEMA SIN ETICA.

 La reforma electoral es un primer paso que hay que dar con decisión y
con urgencia.
 Representatividad, gobernabilidad y estabilidad son las claves que
permiten a las Instituciones actuar con la serenidad, la coherencia y la
firmeza que le son obligadas.
 La situación política del presente -motivada en su origen por un
sistema electoral que favorece la atomización- es la más indeseable para
conseguir estabilizar la Comunidad. Ese pecado original -un régimen que en
su momento intentó contentar a todos sin prever las consecuencias- ha
degenerado, por sí mismo y por el abuso interesado, en una realidad política
de fragmentación, de tráfico de intereses, de clientelismos cruzados y hasta
descarados chantajes.
 Sin un marco institucional donde la representatividad sea
incuestionable y la dirección firme, mal puede acabarse con los pleitos, los
agravios, las diferencias y las sospechas.
 La experiencia de los últimos años ha sido más que suficiente para
concluir que el sistema exige un cambio. Porque no nos engañemos, no se
trata tan sólo de un vicio de origen llamado régimen electoral. De nada vale
cualquier esfuerzo si los ciudadanos damos la espalda a todo lo público, no
participando y no ejerciendo el control exigente al que tenemos derecho, y
hasta deber.
 Lo que hay que cambiar son los modos y las maneras. Lo que hay que
generar es algo tal olvidado y tan en desuso como la ética. Una ética
constante que ofrezca al ciudadano la garantía de que las decisiones se
toman pensando en el largo plazo y en beneficio de la mayoría. Una ética tan
sólida que no admita dudas sobre los comportamientos políticos.


REFORMA ADMINISTRATIVA.

LA ADMINISTRACION NO PUEDE UTILIZARSE PARA EL MERCADEO.

 En la misma línea de urgencia inaplazable hay que encarar la reforma
administrativa. De nada vale un régimen electoral si, al final, va a ser utilizado
con fines particulares o partidistas. De nada vale exigir un cambio de rumbo,
si el resultado va a ser el abuso de poder. 
 A estas alturas debería haberse conseguido una Administración
moderna, descentralizada, eficaz, controlada y al servicio del ciudadano. La
realidad es justamente la contraria, tenemos una Administración cada vez
más confusa y más opaca, que multiplica funciones, que engorda y se
encarece sin razón y sin medida.
 No es admisible que existan todavía funciones solapadas entre cuatro
administraciones (estatal, autonómica, insular y local), cuando lo racional es
distribuir las tareas para que las ejerza quién sea más capaz y eficaz en cada
tema. No se puede permitir que el aparato administrativo siga creciendo de
forma desordenada, sin más limitaciones que las necesidades de cada
político o de cada partido de repartir cargos.
 Que la Administración tiene que estar al servicio del ciudadano es
incuestionable, por más que la realidad esté negándolo permanentemente.
Se impone también aquí reformar los modos y cultivar la ética, o lo que es lo 
mismo, la cultura de la calidad. Se impone conseguir una Administración
transparente para que el administrado pueda ejercer su derecho de acceso a
los datos; una Administración limitada para que no sea una "oficina de
empleo" sino un centro de trabajo con el personal y los medios adecuados
para cumplir con su servicio; una Administración profesional y responsable
que impida las arbitrariedades al nivel que sea.
 Nuestra Comunidad no puede permitirse administraciones
desorbitadas, generadoras constantes de órganos y empresas inútiles, de
puestos y cargos innecesarios. Convertir la Administración en la sede del
mercadeo político es el mejor camino para la ineficiencia y la ruina.


REFORMA PRESUPUESTARIA.

UN PRESUPUESTO PARA AHORRAR, NO SOLO PARA GASTAR.

 La trilogía de urgencias se cierra con el Presupuesto. Partiendo de la
base de una realidad política plagada de clientelismos y de una
Administración artificialmente engordada, no es extraño que el Presupuesto
nunca pueda ser suficientemente explicado.
 Un Presupuesto que tiene que aumentar porque cada vez se gasta más
y se ahorra menos, huele a despilfarro. Un Presupuesto que no puede
explicarse con claridad cómo, cuándo y dónde se gasta el dinero público,
huele a oscurantismo; mercadeo.
 Hay que acabar con esta afición de tantos -cada vez más- querer "vivir"
del Presupuesto. El dinero público no puede ser un arma usada a capricho
para comprar voluntades, repartir favores y controlar disidencias. Nos
volvemos a encontrar con la necesidad de la ética como visión del desarrollo
a largo plazo.
 Rigor, control y transparencia son las premisas mínimas que tiene que
cumplir un Presupuesto correcto y equilibrado. Rigor en la elaboración y en
la ejecución. Control para limitar el déficit. Transparencia para que cada
decisión tenga su justificación.
 No es un buen Presupuesto el que viene a incrementar los ingresos
bajo el pretexto de que hay que reducir el déficit; la vía de reducir los gastos
y mejorar la productividad es la correcta para disminuir el déficit. No se
acaban los problemas presupuestarios con la mera territorialización de los
gastos; los repartos no garantizan nada, la garantía es gastar bien y en lo
necesario.
 Necesitamos un Presupuesto para invertir. Un Presupuesto con
criterios orientados a fomentar la inversión en capital humano, investigación
y desarrollo, en conseguir las infraestructuras necesarias para nuestra
competitividad. Necesitamos un Presupuesto que invierta en presente y
futuro.
Gran Canaria, 15 de noviembre de 1996.
 
© Círculo de Empresarios de Gran Canaria 2001.