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Círculo de
Empresarios de Gran Canaria 30
enero 2009
Hace menos de tres meses manifestamos nuestra
enorme preocupación por la situación económica en la que nos encontrábamos.
Describimos con crudeza la realidad económica en un momento en el que todavía algunos
preferían mirar a otro lado retrasando de forma irresponsable la urgente toma
de decisiones que en ese mismo documento reclamábamos. En estos momentos nadie es capaz de negar la
grave situación que atravesamos, y que algunos expertos no dudan en calificar
de “emergencia nacional”, pero desgraciadamente vemos que muchas actitudes,
como más adelante analizaremos, demuestran que pocos han comprendido esta
difícil realidad a la que debemos enfrentarnos. El reciente discurso de investidura del nuevo Presidente Americano ha dado toda una
lección de unidad en la acción, búsqueda de consenso, reconocimiento de la
realidad y autocrítica, a la vez que transmite un claro mensaje de optimismo
respecto a la superación de la crisis mediante frases como: “… hoy venimos a proclamar el fin de las
disputas mezquinas y de las falsas promesas… ha llegado la hora de dejar a un
lado las cosas infantiles… el estado de
la economía exige actuar con audacia y rapidez, y vamos a actuar…” No inventamos nada nuevo, simplemente llamamos
a la cordura general, para que, desde la responsabilidad de cada uno, se
dediquen todos los esfuerzos a la búsqueda de la prosperidad, del desarrollo
económico, sin gastar energías en cuestiones no prioritarias o de intereses
particulares y cortoplacistas. La sociedad debe percibir de forma inmediata
mensajes de confianza, de ilusión basada en el esfuerzo, de que se afronta la
realidad, que se marca el camino que vamos a seguir y que se toman las
decisiones necesarias, por duras que parezcan, para que además de superar la
crisis dejemos nuestras estructuras reformadas para afrontar con garantía
nuevas décadas de prosperidad. Insistimos en la necesidad prioritaria de que
se modernicen nuestras administraciones públicas y en la oportunidad histórica
que se nos presenta para ello y que no debemos dejar pasar. Debemos reflexionar
sobre nuestra reducida dimensión y el gran tamaño y complejidad de la
estructura que nos administra. Vemos como de forma continua se solapan ámbitos
de la administración y se producen invasiones en competencias ajenas. El poder
ejecutivo, administrado por los partidos políticos, lleva décadas propiciando
un crecimiento irracional que provoca no solo una gran ineficiencia, sino que
por su propia dinámica intenta controlar instituciones tan importantes como el
poder judicial y sus herramientas de actuación, asociaciones empresariales y
sindicales, o a la tan importante sociedad civil. En este contexto contemplamos como las
asociaciones de jueces declaran que la judicatura recibe constantes
interferencias y presiones del Gobierno, o cómo se producen casos en los que la
fiscalía y la policía ponen en marcha espectaculares iniciativas que acaban
siendo archivadas por los jueces sin que exista al menos una reflexión al
respecto. Nosotros no debemos valorar si estas actuaciones se han hecho bajo el
escrupuloso cumplimiento de la ley y los derechos constitucionales que nos
amparan a todos, pero sí debemos exigir que las ineficiencias o las
equivocaciones tengan como mínimo una respuesta clara de disculpa y de
establecer mecanismos correctores que exijan responsabilidades frente a
reacciones de prepotencia, amparada en el amplio poder del que disponen, para
seguir con sus convicciones o intereses trasladando a los medios de
comunicación la información que permita una condena pública previamente negada
por la justicia. Los medios de comunicación cumplen el
importante deber de trasladar a la sociedad la información que se produce cada
día, siendo su papel fundamental y de máxima importancia en una sociedad libre
como la que deseamos. La capacidad de generar estados de opinión que lleva
aparejada su labor nos aconseja pedirles que desde su incuestionable
independencia colaboren a que se generen las condiciones necesarias para
fomentar el consenso entre instituciones. Vivimos en un reproche permanente entre
administradores públicos, en un “tú más que yo”, en continuas cortinas de humo
que tratan de desviar a la opinión pública del seguimiento de las
responsabilidades. En esto consiste en buena medida la ineficiencia de un
sistema que no permite que la situación cambie. Si los más altos responsables
políticos no son capaces de ponerse de acuerdo en algo que debería ser tan
elemental como quién es el responsable de los baches en viales de Las Palmas de
Gran Canaria, cómo podemos esperar que sea posible que se adopten acuerdos
sobre asuntos mucho más complejos como la política económica… La bonanza económica que hemos vivido ha
tolerado tanto el desmesurado crecimiento de las Administraciones Públicas como
la ineficiencia de sus administradores, pero el cambio de escenario económico
evidencia de forma clara las perversiones del sistema. Ya podemos ver como las negativas cifras
macroeconómicas se hacen realidad en las personas y empresas de nuestro
entorno. Las cifras de parados, de familias sin subsidio, del desempleo
juvenil, o de empresas en situación concursal, son dramáticas. Nos enfrentamos
a una situación tan grave en lo económico y lo social que nos obliga a exigir
una respuesta a la medida del momento que vivimos para enfrentarnos a las
peores cifras y previsiones en cuanto a caída de la producción, desempleo,
déficit público, y niveles de confianza externa e interna en nuestras
instituciones. Los gobiernos de cada institución deben liderar
y administrar políticas de unidad y consenso efectivas como hizo Adolfo Suárez
en 1977 al promover los “Pactos de la Moncloa”, correspondiendo a las fuerzas
de oposición sumarse de forma responsable a esos esfuerzos o hacer una
razonable oposición que fiscalice las medidas que se adopten, pero en ningún
caso es el momento de discusiones estériles e irresponsables cuyo único fin es
intentar modificar intenciones de voto de una forma burda que menosprecia la
capacidad de los ciudadanos. Para Canarias reclamamos, dentro de esas
deseables políticas de unidad, que el gasto público se canalice hacia
inversiones eficientes que no se concentren solo en generar empleo a corto
plazo sino que permitan una modernización de nuestras administraciones,
fomenten y mejoren nuestra actividad productiva, y permitan el desarrollo de
nuestras infraestructuras, especialmente en el Turismo, principal actividad
económica de nuestra tierra, generadora de renta y desarrollo económico. No podemos culpar a la actual situación económica
de la falta de atractivo inversor de nuestro archipiélago, son la inseguridad
jurídica y trabas creadas durante años, en los que se ha considerado la
actividad económica como un mal necesario, los principales causantes de la
paralización de proyectos que son vitales para una región con un 21.18% de su
población en situación de desempleo. Mientras preparamos los factores productivos
para una necesaria diversificación de nuestro tejido empresarial, volquémonos
en el Turismo haciendo una clara apuesta por nuestro principal motor económico,
un sector que ha transformado Canarias en los últimos cuarenta años, permitiendo un espectacular desarrollo
económico que no podemos olvidar. En Turismo hemos sido líderes mundiales
gracias a empresarios emprendedores que han sabido ser competitivos y creativos
en un entorno muy complejo, pero para mantener nuestra posición es necesario
que se lleven a cabo de forma inmediata una decidida política de consenso al
respecto. Ya en el año 2005 se celebró en Gran Canaria una acertada Cumbre por
el Turismo que fue todo un ejemplo de diagnóstico y consenso público-privado
sobre las actuaciones y decisiones que este sector requiere, las conclusiones
siguen siendo válidas, pero la toma de decisiones no se ha producido. Pedimos de forma contundente que empresarios,
sindicatos, administradores públicos y medios de comunicación demuestren a la
sociedad que en momentos críticos son capaces de asumir las responsabilidades
que les corresponden de forma coordinada y haciendo converger sus intereses en
beneficio de nuestra tierra. Solo desde el consenso es posible llevar a cabo
las reformas estructurales que permitan a nuestra economía regresar a la senda
del crecimiento, evitando entrar en una larga etapa de estancamiento que podría
ir más allá del fin de la crisis internacional. Como reclamaba Barack Obama en su discurso de
investidura, “… el periodo del
inmovilismo, de proteger estrechos intereses y aplazar decisiones desagradables
ha terminado; a partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y
empezar a trabajar…” |
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