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MANIFIESTO
El Círculo de Empresarios de Gran Canaria quiere expresar en este
manifiesto su satisfacción por el buen momento que viven las economías
canaria, nacional, europea y mundial y que entendemos fruto en su conjunto
de los procesos de ajuste, apertura y liberalización que se siguen cada vez
más en una mayor parte de países.
Sin embargo, el reconocimiento de esta realidad no nos puede hacer
perder de vista los problemas y dificultades que aún persisten en el seno de
nuestras economías; por culpa, las más de las veces, de unos Poderes
Públicos que distorsionan permanentemente los mercados y de unos
Gobiernos, sea cual fuere su nivel, que abusan de su poder de intervención
poniendo en peligro las bases de un crecimiento duradero y suficiente para
luchar contra la pobreza.
Frecuentemente, por tanto, son determinados políticos los que en vez
de contribuir a nuestro bienestar y prosperidad se han convertido en
verdaderas amenazas del desarrollo, por su propia incapacidad para
acomodarse a la evolución de los tiempos.
APOSTAR POR EL TURISMO Y RENTABILIZAR SUS EXCEDENTES.
La globalización de la economía supone cambios extraordinarios para
nuestra sociedad. En el mundo económico actual se rompen fronteras, se
desregula el comercio, se cultiva la competencia, la especialización y la
cooperación.
La revolución de las nuevas tecnologías y la transformación de los
hábitos y costumbres nos enseñan que debemos cambiar por completo
nuestras tradicionales políticas económicas y sociales. Creemos que a este
respecto no caben, por tanto, reparos para retrasar los ajustes que se
estiman necesarios, por muy dolorosos que sean; pues, cuanto más
tardemos en darnos cuenta de ello, más duros serán al final los esfuerzos a
realizar.
Hay que aprovechar, en consecuencia, los excedentes del momento
para crear riqueza, abrir cauces a la inversión y generar nuevas iniciativas
productivas acordes con los tiempos y la necesidad de empleo. Los frutos del
crecimiento económico no están para ser malgastados por las
Administraciones Públicas de forma indiscriminada restándolos de la
economía productiva.
El turismo es, en tal sentido, nuestra mejor apuesta de futuro, por lo
que debemos evitar que su crecimiento sea volátil y sin reflejo real para
nuestra tierra y sus gentes. Es preciso que de una vez por todas nos
comprometamos en su desarrollo y diversificación convirtiéndonos en
protagonistas y artífices del mismo, eliminando todas esas barreras y trabas
injustificadas que dañan su competitividad y añaden costes y dificultades a
la actividad de sus empresas.
LA INTERVENCIÓN PÚBLICA, UN ERROR
BIEN CALCULADO.
Como empresarios nos negamos a caer en el error de aquellos que,
llevados por su propia ambición e interés político, han querido hacer creer
que son los Poderes Públicos, y no el trabajo y el esfuerzo de individuos y
empresas, los que contribuyen a cimentar las bases del bienestar colectivo.
Nuestra responsabilidad como empresarios nos obliga a dar un toque
de atención para reclamar de esta manera un cambio de rumbo y poder
enfrentarnos con éxito a los retos del futuro. Porque no es posible seguir
desvirtuando el papel de los mercados de una manera interesada y absurda
e indiscriminadamente, tal y como viene sucediendo en Canarias, haciendo
clientelismo del proteccionismo y la subvención.
En una economía de mercado, los Poderes Públicos sólo están
legitimados para actuar en defensa de una sana y leal competencia y no,
como viene siendo habitual en Canarias, para ir contra ella fomentando
precisamente lo contrario. Porque para ello hemos apostando, entre otras
cosas, por la integración europea y por todo cuanto significa eliminar trabas
y barreras al comercio o al desarrollo de las empresas.
Entendemos que la Unión Europea está para garantizar el desarrollo de
una sana y leal competencia en el conjunto del territorio comunitario,
haciendo posible el derecho de todas las empresas a acceder al mercado en
igualdad de condiciones. Valoramos, en tal sentido, el actual proceso de
unión monetaria y el interés por evitar así que los mercados pueden verse
falseados por los tipos de cambio.
Pero en esta línea, y desde la propia perspectiva de la competencia,
consideramos incuestionable la figura del REF y preciso el referente de
Estatuto Permanente para la derogación y adaptación del Derecho
comunitario aplicable en las Islas; pues entendemos que por sus principios
no son más que instrumentos, adaptables permanentemente en el tiempo,
llamados a satisfacer necesidades de consumidores y usuarios, corrigiendo
todas esas distorsiones suplementarias a la misma competencia que se
derivan de las particulares condiciones de lejanía e insularidad en la que se
desenvuelve el desarrollo económico canario.
Lamentamos, en tal sentido, las dificultades que vive actualmente
Canarias ante el proceso de integración y armonización comunitaria;
pensando que, en todo caso, éstas surgen de la improvisación y son
responsabilidad de unas Instituciones Públicas que se muestran débiles a la
hora de hacer frente a las presiones políticas y torpes cuando se trata de dar
respuesta adecuada a nuestras necesidades económicas y sociales.
Es deber de los políticos, asumir y permitir que las empresas sean cada
vez más eficientes y reduzcan costes, coadyuvando para que los mercados -
ya sean de trabajo, capital, bienes o servicios- puedan ser mucho más
flexibles, competitivos y abiertos; así como acabar con toda practica
restrictiva de la competencia y eliminar cuantas barreras se opongan al
desarrollo de las empresas, persiguiendo, en definitiva, el dumping, los
acuerdos de precios, los abusos de posición dominante y cualquier práctica
desleal y excluyente de rivales en el mercado.
En Canarias, desgraciadamente, parece que caminamos en dirección
contraria con unas Administraciones Públicas que pierden fácilmente el
sentido de su función ante empresas a las que deben regular, protegiendo
rentas monopolísticas y situaciones de ineficiencia, mediocridad y falta de
iniciativa y capacidad.
Si alguien duda de ello no tiene más que acudir a ver los ejemplos que
ofrecen muchas de nuestras empresas públicas o estudiar el caso simple que
representa la conocida historia de la Ley de Comercio. Una Ley nacida con la
justificación de proteger la competencia y defender a la pequeña y mediana
empresa que, en el tiempo, ha terminado por favorecer todo lo contrario,
en detrimento, precisamente, de consumidores y usuarios.
Ahora incluso se habla de crear una televisión autonómica -aduciendo
que los canarios no están bien informados- o se propone la creación de
nuevas empresas como una compañía aérea, advirtiéndose claras maniobras
por parte del Gobierno para frenar la propia liberalización de un sector tal
como el del transporte, y al hilo de lo que impone la propia normativa
comunitaria. A nuestros gobernantes habrá que preguntarles, por tanto,
cómo evalúan todas estas medidas y cuáles son los impactos que causan.
Porque lo que se practica en Canarias es el uso y el abuso del arma
intervencionista con un afán exclusivo: disponer de más votos y poder, de
más dinero a manejar, de más personas a las que colocar, de más empresas a
las que situar bajo el manto de la protección, haciendo de las
Administraciones Públicas unos entes proteccionistas, intervencionistas y
subvencionadores que ponen barreras a la evolución y restan, cada vez más,
mayores recursos a la economía, reduciendo la capacidad de ésta para crear
empleo.
Esta forma de hacer tiene evidentes responsables. La razón de
aferrarse al intervencionismo es, por consiguiente, un error bien calculado
que ofrece posibilidades para el juego del clientelismo, la utilización de
empleos y cargos, o mejor, para dificultar especialmente el control de la
mala administración del dinero público.
Gran Canaria, 6 de junio de 1997.